Historia

Escuela Normal de Maestros /Escuela Normal de Maestras

 

 

El de 9 de septiembre 1857 fue aprobada la Ley General de Instrucción Pública, dictada por el Ministro Claudio Moyano y Samaniego, conocida como la “ley Moyano” que cambiaría la educación en nuestro país y se mantendrían en vigor durante más de 100 años, hasta la Ley General de 1970. Su aprobación tuvo una importancia crucial ya que daría paso a la construcción de toda la estructura del Sistema Educativo Español, incluyendo la regulación profesional del magisterio para lo que dispuso la creación en todas las provincias de las Escuelas Normales. En Cádiz, el 22 de noviembre de 1857, pocas semanas después de aprobada aquella Ley (a pesar de que ya habían venido proyectándose desde 1855), la Diputación Provincial inaugura las Escuelas Normales de la Provincia, creando simultáneamente las Escuelas de maestros y la Escuela de maestras. Nacen así, con la Ley que marcará el primer periodo de nuestro sistema educativo, las primeras instituciones gaditanas de formación del profesorado. Estableciéndose, en aquellos momentos fundacionales, entre sus funciones su compromiso con la formación inicial y permanente del profesorado y con la innovación educativa. Aquellas dos centros que vivirán una historia paralela, fusionadas unas veces y separadas otras, fijan su primera localización en la casa del edificio de la Torre Tavira, en el número 10 de la calle del Marqués del Real Tesoro, entonces calle Las Bulas formando un complejo educativo muy importante en su época en el que funcionaron, además, las Escuelas de Prácticas de niños y la de niñas.

 

 

Torre Tavira

 

A partir de 1868 se aprueba la Ley de 20 de junio de 1869 de Instrucción Pública que regula la existencia autónoma de las Escuelas de maestras lo que les otorga un presupuesto autónomo, su propio claustro y una directora al frente que en la institución gaditana; por lo que la adquiere con esta medida un nuevo rango de autonomía. A pesar de ello ambos centros continúan juntos en el edificio de la Torre Tavira hasta 1883. En 1884 la Escuela de maestras se traslada al número 31 de la calle Barríé y posteriormente, después en 1900, al nº 34 de la calle Columela, junto a la escuela de prácticas de niñas que venía de su anterior emplazamiento de la Torre Tavira.

 

 

Número 31 de la calle Barrie

 

Entre aquellos pioneros de la formación del profesorado gaditano hay que mencionar a Diego Leonardo Gallardo primer maestro gaditano que destacó de forma sobresaliente en los albores de la educación contemporánea, al ser premiado de entre todos los de España (junto a otro compañero, Ángel Villalobos) a viajar en 1834 (23 años antes de la ley Moyano) a Inglaterra para conocer los adelantos de aquel país con las escuelas de párvulos y formó parte en 1839 junto a Pablo Montesino del primer claustro de Escuela Normal Central. Posteriormente en la nómina de los primeros siete profesores que fundaron la primera Escuela de maestros y Escuela de maestras que marcarían los primeros pasos de la primera institución del magisterio gaditano (antes de una década ya habían formado a más de 500 maestros y maestras) destacaron Manuel María Romero, Luís Oliveros, Joaquín Navarro y Hermegaundio Cuenca. Este último (natural de Arcos) de cualidades excepcionales por las que recibió elogios por su docencia con niños sordomudos y asistió y presentó comunicaciones a Congresos pedagógicos de la época. Publicó varias obras como la “Descripción geográfica e histórica de la provincia de Cádiz” que recibió una mención honorífica en la Exposición Universal de Barcelona de 1889 y el “Método racional para la enseñanza de la lectura”. En el colectivo de mujeres adelantadas merecen mencionarse a Carmen Tapia (1893-1900), primera mujer que ocupó la dirección de la Escuela de maestras (en los difíciles finales del siglo XIX) y la maestra republicanista y feminista Guillermina Rojas Orgís, (alumna formada en la Escuela de maestras de Cádiz). En este ambiente de progreso en aquellos primeros compases prosperaron algunas revistas educativas como fueron “La Escuela” (1861), la “Revista de Instrucción Pública, Ciencias, Literatura y Bellas Artes” (1864) y la “Revista de Primera Enseñanza” y se habilitó en el centro de la Torre Tavira una biblioteca profesional que llegaría, en 1878, a contar con 3000 volúmenes.

 

En 1901, los actuales Institutos de Enseñanza Secundaria reciben el nombre de “Institutos Generales y Técnicos” pasando a impartir los Estudios generales del Grado de Bachiller, Estudios elementales y superiores de especialidades técnico-profesionales como ocurriera con el Magisterio y las enseñanzas de Agricultura, Industria y Comercio y las de Bellas Artes. En consecuencia, la Escuela de maestros se traslada entonces a las instalaciones compartidas del Instituto Provincial del Convento de San Agustín en la calle San Francisco (periodo 1901-1914) mientras la Escuela de prácticas (que pasa a denominarse desde 1904 “escuela graduada”) permanece hasta 1913 en el mismo edificio de la Torre Tavira. Por su parte, conservando su unidad, la Escuela de maestras continúa teniendo entidad propia e ininterrumpida en la casa de la calle Columela nº 34 junto a la escuela de prácticas graduadas de niñas que venía de su anterior emplazamiento de la C/ La Bulas. En 1914, ambas instituciones se trasladan a la calle Valdeíñigo, muy cerca de San Francisco, permaneciendo ambas aquí hasta 1931.

 

 

Convento de San Agustín

 

En 1909 (R.D. de 3 junio) se crea en Madrid la Escuela Normal Superior pasando a llamarse Escuela de Estudios Superiores del Magisterio (1909-1932) con el objetivo de formar a los cuadros más especializados y de mayor rango de la carrera docente, especialmente el profesorado especialista en Pedagogía en los Estudios de Magisterio y la inspección educativa de Primera Enseñanza. Este hecho favorece al conjunto de las Escuelas Normales del país con la incorporación de un profesorado especialmente cualificado que en el caso de las instituciones gaditanas se verán positivamente afectadas.
En 1914 se implanta un nuevo plan de estudios (Real Decreto de 30 de Agosto) cuya importancia fue decisiva ya que tuvo vigencia hasta 1931, fecha en que de nuevo se reorganizan los estudios del magisterio. En conjunto esta nueva Ley supone la más completa y radical reforma establecida desde 1857 y su importancia es equiparable a la de 1931 o a la LGE de 1970. Entre sus medidas unifica los grados elemental y superior estableciendo una única categoría. Con respecto a las prácticas revaloriza las que empiezan a llamarse Colegios Anejos o Escuelas graduadas Anejas. En el periodo 1914-1924, tras la separación del instituto, la Escuela de maestros se instala en sucesivas dependencias que ocupan edificios históricos de las calles Isabel la Católica (donde también estuvo la Escuela de prácticas de niños), Feduchy y Plaza de Candelaria. Aquella Ley de 1914 en su capítulo V recomienda, junto a cada escuela Normal, la creación de una Residencia Normalista; hecho que sólo ocurre en las ciudades de Cádiz (R.O. de 23 de noviembre de 1922) y Barcelona (R.O. de 12 de marzo de 1923) lo que supuso dotar a las Escuelas Normales de Cádiz de una institución de carácter innovador de primer nivel y la sitúa en la vanguardia pedagógica del país siguiendo el modelo de la Residencia de Estudiantes de Madrid y el impulso de la Junta de Ampliación de Estudios. El centro después de un difícil comienzo estuvo instalado desde 1925 en el nº 14 de la calle Manuel Rancés, compartiendo edificio hasta 1932 con la Escuela de Maestros cuando ambas se trasladan al nº 11 de la calle Isabel la Católica.

 

 

Calle Isabel la Católica Plaza de Candelaria

 

 

Calle Feduchy Calle Manuel Races

 

En el aspecto humano en este primer tercio del siglo XX destaca el ejemplo de los profesores que se formaron en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio que conformaron una época brillante (1923-1936) de la historia de las Escuelas Normales de Cádiz ya que tuvieron en común y cultivaron el espíritu activo y regenerador de talante optimista, vitalista y de presencia social; quienes unieron a su sólida formación el hecho de gestar y dirigir la Residencia Normalista. Entre ellos destacaron Gregorio Hernández Herrera, director de la Escuela de Maestros (1926-1932) y de la Residencia Normalista (1926-1932) considerándose “el alma y vida” de esta institución; Francisco Díaz Lorda, Remigio Verdú Payá y Josefina Pascual Ríos, además de la importancia, como primer destino profesional, de María de Maetzu Whitney que ejerce la docencia en el centro gaditano en el curso 1912-13. Asimismo, por otras razones, merece mencionarse a Fernando Portillo y Portillo, docente gaditano fundador de varios centros educativos (San Fernando, 1881 y San Pedro Apóstol, 1886), editor del periódico “Crónica Escolar” y profesor de la Escuela Normal.

 

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